Crónica Dubái-Villarrubia Team Dakar

December 21, 2012 by  
Filed under *Destacado, Julian Villarrubia

Escribo desde el aeropuerto de Estambul, y el motivo de que esté aquí es porque en 2 horas sale mi vuelo dirección a Valencia. Pero para llegar aquí, antes he venido desde Dubái, después de pasarme una semana entrenando con mi patrocinador, RAFAL SONIK, y unos amigos suyos. 600 kilómetros de puro desierto, sólo dunas, algunas pequeñas y otras grandes, pero en cualquier caso, cada una con su técnica específica para surfearla. Y lo denomino así porque casi siempre las cortas en diagonal, como los surferos, y no en perpendicular, como sería más corto, porque al hacerlo en diagonal, tienes apenas un segundo más de reacción para solventar un posible problema al otro lado de la duna, donde no ves.

JULIAN VILLARRUBIA - DUBAI -600

Ha sido una semana que, si bien me ha parecido corta en cuanto a kilómetros recorridos, ha tenido muchas horas de moto. Y es que en el desierto la velocidad es muy baja y el terreno exigente, pero me quedo con el penúltimo día, cuando rodamos con JAMES WEST, un rapidísimo piloto con mucha experiencia en el rally Dakar (tiene grandes resultados). Nos llevó a las dunas más grandes y extremas de la zona y pudimos rodar siempre con un fuerte ritmo, yo detrás, como casi todos los días pero, sobre todo, desde que me dejaron una moto “dakariana”, por aquello de ir acostumbrándome al peso. No iba cómodo, no tenía buen “feeling” con ella, pero es que los días previos había rodado con una ligerísima Honda que me permitía saltar en cada duna, reaccionar en décimas de segundo ante los agujeros… no así al bueno de LUKAS, un amigo polaco de Rafal que trabaja de veterinario en Dubái; el pobre cayó al menos en 6 ocasiones en la semana de entrenos, aunque también el propio James lo hizo, y ARTURO REINA, un venezolano piloto de avión y con familia en Murcia con el que coincidimos, pero apenas pequeños “revolcones”. También cabe destacar a VICKY WHITE, a la que me presentaron como una “celebrity” en Dubái, pues era presentadora de un popular programa de radio, pero lo que realmente me sorprendió de ella era su alto ritmo en las dunas, tanto que no se quedaba atrás, al contrario, a veces era difícil seguir su rueda.

Estos días me han servido para conocer el ritmo de un quad, la trazada de éste en las dunas, las zonas que necesita evitar y las que puede atacar mejor que una moto. También para darme cuenta de que necesito estudiar inglé,s porque aunque nos hemos entendido relativamente bien, me falta depurar mucho mi expresión y es que, el ser autodidacta, únicamente me permite sobrevivir, pero no más, así que los escasos 10 días que me quedan para ir al Dakar, además de entrenar el cuerpo, tendré que entrenar la mente… en inglés.

En lo que a ocio se refiere, el primer día visité el WORLD TRADE CENTRE. Sí, como el de Nueva York pero en Dubái, una extensión considerable de edificios gigantescos, a cual más alto y más llamativo. ¡Cómo les gusta poner luces a los edificios! ¡Y si cambian de color, mejor!

Fui directamente al “ALL THE TOP, BURG KHALIFA”, que hasta que me aprendí el nombre… “telita”. Era inaccesible desde los alrededores obligándote a pasar por un centro comercial casi tan grande como el rascacielos (bueno, de rascar… poco, éste le pincha pero bien), y para mi sorpresa, me pidieron 100 dirhams por entrar a ver “el pisito”. Eso sí, lo hacía casi 5 horas después de sacar la entrada, porque si lo quería visitar en 10 minutos, eran 400, y al cambio de 5 dirhams por 1 euro… pues que no me iba a gastar 80 € por subir los 442 metros, divididos en 121 plantas en los 45 segundos que tardan sus ascensores en recorrerlo. Total, para emociones fuertes me voy a Port Aventura y en menos tiempo bajo 110 metros, y con los pies colgando.

Regresé al hotel medio muerto pues, pese a haber alquilado un coche, decidí ir andando. Claro. Como se veía perfectamente, no calculé bien la distancia a la que estaba y… eran un montón de kilómetros. ¡Ah!, lo de alquilar el coche también es gracioso: resulta que en mi única reunión con Rafal antes de ésta, cuando me ofreció venir con él a Dubái, no dijo Dubái sino Abu Dhabi. Y yo, sin preguntar mucho más, saqué billete para allí, encontrándome a 151 kilómetros de donde me habían reservado el hotel y donde entrenaríamos. En fin, otra más de las mías, a las que le añado 2 multas de aparcamiento. Y es que en Dubái, no hay zonas para aparcar gratuitas, todas tienen eso de la O.R.A, pero en naranja.

Otra de las curiosas curiosidades que vi fue la JUMEIRA PALM, una palmera/isla construida artificialmente pero de medidas gigantescas, como todo lo que aquí hacen. No, en serio, tardé aproximadamente 10 minutos en coche en recorrer sólo su tronco hasta llegar a lo “alto” de la palmera (recordad que no es hacia arriba sino hacia el mar desde la costa) y otros tantos en recorrer una de sus ramas desde donde pude ver la ciudad en toda su extensión, con sus enormes edificios apuntando al cielo como queriendo escapar de la tierra. Me recordó justo lo que se ve desde la Estatua de la Libertad en Nueva York.

Incluso el vuelo fue de lo más curioso, ya que llegué de noche (Dubái tiene 3 horas más que España en el ciclo solar) y según sobrevolábamos la península arábiga, yo veía enormes destellos naranjas que variaban de intensidad. Al principio no comprendía qué era aquello que desde los 11.000 metros de altitud veía tan nítidamente, mucho más que las luces de las ciudades sobre las que volábamos. Y entonces empezaron a aparecer muchos más destellos cada pocos centímetros (en medida desde el avión, ojo) y mi imaginación comenzó a volar con el avión, y me vi las imágenes que 20 años atrás quedaron grabadas en mi retina durante la guerra del golfo en las que Saddam Hussein ordenó prender los pozos de petróleo para fastidiar a los kuwaitíes… y no sé, pero sigo convencido de que lo que yo veía desde el aire eran pozos de petróleo, porque además, tenían extensas nubes de humo encima. E incluso estaban sobre el mar, así que a falta de una explicación mejor, y como no le he preguntado a nadie, me quedo con eso: que eran pozos petrolíferos que tendrán que estar encendidos por algo de quemar los gases durante la extracción (o yo qué sé) y si le añadimos que el precio de la gasolina aquí es aproximadamente como el del agua…sí, unos 35 céntimos de euro el litro de 95 octanos (así aceleran al salir de los semáforos, que mi pequeño Mitsubishi era ridículo junto a los Ferrari, Porsche, Lexus, Lamborghini…). También vi un espectáculo sin igual, una tormenta de rayos, que más que rayos parecían una discoteca de hard core. ¿Os acordáis de los mini flash de las discotecas de los 90´s? ¿Esos que, cuando los conectaban, parecía que te movieras a cámara lenta? Pues los rayos se sucedían tanto que ésa era mi sensación.

Ale, ahora me queda una travesía de 170 kilómetros por la comarca de Requena con GPS, un par de entrenos también por mi zona con road book para refrescarme la memoria y estudiar un idioma que no es propio de ninguno de los dos, pero que cuando le regalé mi libro y le dije que cuando se lo terminara de leer, ya podríamos hablar en español sin problemas, sólo sonrió y se puso a mirar las fotos (¿qué iba a hacer?).

En una semana enviaré mi última crónica antes de marcharme para Sudamérica. Entre tanto, os dejo unas fotos y vídeos de éste magnífico entrenamiento en Dubai.

FOTOS: http://www.julianvillarrubia.com/fotos/dubai_2012

Comentarios

One Response a “Crónica Dubái-Villarrubia Team Dakar”
  1. Rojo says:

    Animo campeon

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