JULIÁN VILLARRUBIA en la Baja Aragón , una historia increible : un paralítico ha concluido una durísima carrera

July 25, 2012 by  
Filed under Julian Villarrubia

Sin duda, la carrera más grande que muchos han visto de cualquier piloto, la más admirada por todos los que de ella conocen su historia, pero sobre todo, la más importante para un piloto: NICOLA DUTTO.

Nicola sufrió un accidente cuando competía en la baja Italia de 2010 y desde ese fatídico día de marzo, quedó paralítico. Perdió la capacidad de mover su cuerpo desde el ombligo para abajo, pero no entraba en sus planes quedarse sentado en la silla de ruedas el resto de su vida. No, Nico no. Nico era piloto de motos y aunque tuvo un corto pero intenso flirteo con las carreras de coches, Nico era piloto de motos y eligió correr en moto.
VER FOTOShttp://www.julianvillarrubia.com/fotos/baja_aragon_2012
Nadie podía comprender cómo un paralítico podría ir en moto, competir sin poder apoyar los pies ante los obstáculos, sin poder parar en los semáforos durante los enlaces, pero Nico sabía que ése era el menor de los problemas, pues como bien rezaban las camisetas conmemorativas que realizó para esta carrera, tenía varios ángeles guardianes que lo protegían a su alrededor y, con ellos a su lado, sólo la burocracia lo tumbaría (por fortuna, RACE, organizador de la Baja Aragón en los últimos años, fueron comprensivos y una vital ayuda para seguir adelante, y le autorizaron a participar).

Ya antes de la prólogo, su moto, adaptada con una estructura metálica para poder sentarlo en una silla parecida a las utilizadas por los niños al viajar en coche y con unos reposapiés tomados de una tabla de snowboard para sujetar sus pies, junto con un embrague automático y un cambio electrónico que se movía con unos botones situados en el puño izquierdo, era la más fotografiada; todos veían en aquel “ovni” un imposible pero… ¿por qué no llamarla “máquina de cumplir sueños”? Allí estaba él, con Max y Mario a su lado para sujetarle, con Elena besando el casco ya que no podía besar sus labios, con Carlo pendiente en todo momento del estado físico del piloto, con los cámaras que su patrocinador SCORPION BAY había contratado para hacerle un seguimiento especial, con Sergio dispuesto a volcar cualquier coche que le impidiera proseguir la marcha… y conmigo tras él para aportar la confianza que uno tiene cuando tiene piernas, cuando cae y se puede levantar, cuando puede mirar hacia atrás y ver qué ocurre allí donde Nico no puede llegar a ver…

Gas y primeros metros de prólogo, curvas deslizantes que provocan derrapes en la moto de Nico, roderas de agua que atraviesa siempre rectas para no complicar la trazada, subidas y bajadas que ataca con confianza y curvas de motocross acelerando para que la inercia le ayude a trazarlas, simplemente, ES-PEC-TA-CU-LAR. En meta, Elena llora de alegría, Sergio de verla a ella, Max, Mario y Carlo sonríen tanto que deslumbran al sol y Nico… tan sólo dice “non voleva correre más, non quiero arriesgar”, IN-CRE-I-BLE; yo estallo.

En Zaragoza, subir al pódium donde nos preguntan qué tal. Y sorpresa, hemos superado a 7 pilotos, esto apunta muy bien.

Sábado. Todo el mundo pensando cómo parar en los semáforos pero resulta que no es problema. La organización, con buen criterio, nos hace salir a los dos siempre en el mismo minuto y yo llevo los carnés de ruta por lo que Nico no tiene que parar en esos controles. Aunque por otro lado, se vuelve en nuestra contra ya que… me despisto en los cálculos y penalizamos 5 minutos por retraso en la entrada al control (¡!) ¡Empezamos bien!

Cuenta regresiva y, tras prometerle a Elena que le llevaría a Nicola de regreso, salimos con ganas dejando al resto del equipo con el corazón en un puño (no sabrán de nosotros hasta 115 km después)

Nico va fuerte y seguro, no toma riesgos, no comete errores, simplemente hace lo que más le gusta y yo disfruto viendo a mi amigo 2 años después como tantas y tantas veces lo he visto rodar… Es muy emocionante pero también peligroso, hay polvo y yo voy muy cerca de él poniéndome en riesgo demasiadas veces. No pasa nada, saludo al mundo cuando alucina de ver al paralítico de la moto. En el primer control de paso, me adelanto y les digo a los chicos que sujeten al piloto que no puede parar y ellos, sólo dicen “pero qué cojones tiene éste tío”. Continuamos.

Al llegar al segundo control, el panel amarillo tan sólo está 10 metros antes del rojo, en el que se para, y no me da tiempo a adelantarme, así que pese a la insistencia del chico en que Nico pare, éste le dice que no puede y es sellado sin llegar a detenerse. Un segundo después llego yo recriminando el por qué el panel está tan junto (debe situarse a 100 metros uno del otro), pero los chavales bastante tienen (luego les pediré disculpas y les agradeceré la ayuda).

Un par de horas después de tomar la salida, llegamos al final de la 1ª especial y todos nos reciben entusiasmados, no se lo creen, hemos vuelto, estamos corriendo, estamos haciendo historia.

Con la confianza obtenida, salimos a la 2ª especial después de que Nico me llame “Pitágoras” y haya comprobado que esta vez sí he calculado el tiempo correctamente. Más gas y más polvo. Yo quiero ir cerca pero ahora es mucho más complicado, pues no veo ni la mitad que antes y, a los 4 kilómetros, un pequeño escalón se cruza en mi camino lanzándome por los aires para luego revolcarme por los suelos. Como un resorte, me levanto y en 20 segundos vuelvo a dar gas sin comprobar daños en la moto ni en el piloto, no quiero que Nicola se aleje. La gente aplaude al verme otra vez sobre la moto. Me duele la muñeca derecha y el hombro izquierdo y la moto tiene el manillar doblado, pero alcanzo a Nico justo cuando adelanta a un piloto alcanzado (más increíble aún). Luego, la piloto portuguesa y su pequeña 250 c.c. Sin problemas para superarla. Nico va muy confiado y rueda más fuerte que antes, yo lo paso mal con el dolor de mi muñeca pero puedo seguirle. Entramos en una curva a izquierda llena de fesch-fesch y veo como Nico traza dentro de una rodera pero se va hacia la izquierda despacio. Inevitable, es frustrante ver que va a caer y no puedo hacer nada para evitarlo… Todo lleno de polvo y sólo grito “espera, ya voy” (¿dónde va a ir? estúpido). Aguanto un par de segundos y la nube de polvo me permite verle caído hacia la izquierda y con la mano apoyada en el suelo, llego y agarro la estructura metálica mientras me pide disculpas… “que no hombre, que es mi trabajo”. Lo levanto (unos 220 kg) con una técnica improvisada, primero lo alzo hasta apoyarlo en mis piernas y luego agarro un poco más abajo la moto para poder hacer mejor la fuerza. Le pregunto y contesta que todo está bien, que no se ha descolocado, y acierto a ver una sonrisa dentro de su casco (éste “cabrón” está disfrutando incluso al caer, es piloto de moto). Le empujo un poco hasta salir del polvo y otra vez a la carrera.

Varios kilómetros después, se pasa de frenada en un giro de 90º y vuelve a caer por intentar girar sin velocidad apenas. Esta vez cae en suelo duro y, mientras yo bajo de la moto, unos chicos corren hacia él y lo levantan en un segundo; “Grazie, grazie tutti. Espetta un momento que me coloque… Grazie” y los chicos jalean palabras de ánimo y barbaridades referidas a la virilidad de Nico.

Llegamos a la asistencia y otra vez el cielo se ilumina con la sonrisa de todos. Preguntas, ánimos, abrazos, besos… A mí me duele la mano y Sergio le pide al médico de la carrera un ibuprofeno, pero éste le dice que no se lo da sin ver al piloto. Le contesto “que le den”, no voy a ir por si me dice algo que no quiero escuchar. Tras varios minutos allí, reemprendemos la marcha más tranquilos que antes (lo agradezco porque mi mano no está bien y me complica dar gas y sujetarme)

Aún caerá otra vez en una bajada estrecha llena de piedras, las subidas, gracias a dar gas las pasa sin problemas aunque las curvas muy cerradas son verdaderamente difíciles, pero las bajadas, le complican mucho cuando la rueda trasera se le cruza y pretende adelantar a la delantera. Arriba, colocación del culo en su sitio y adelante pero todos los males se pasan cuando ve una bandera italiana pintada en una sábana y con una inscripción que dice: “FUERZA NICOLA, CAMPEÓN DEL MUNDO DEL REBOLLAR (una broma por una carrera de aficionados que allí ganó hace años). TUS AMIGOS DE REQUENA”. Brian, el hermano de Sergio, junto con sus amigos, le han preparado esta sorpresa y él alucina al verlos (luego se la regalarán firmada por todos)

A falta de 10 km para meta, alcanzamos al piloto que ya habíamos superado, pero como en la asistencia nos adelantó, pues ahora lo volvemos a alcanzar. Se da cuenta de nuestra llegada y acelera, Nico lo ve como una presa, lo tiene en su punto de mira y acelera para atraparlo, está arriesgando, se sale en una curva pero vuelve al camino, golpea contra una piedra que le hace derrapar y casi caer justo antes de adelantarle (se observa en el vídeo) pero lo consigue… El piloto oculto en su corazón ha salido victorioso, 2 campeonatos de España y 2 de Europa lo avalan. Llegamos a meta, hemos superado el primer día.

En el vivac, un montón de amigos pasan a felicitarnos: Bruno con su hijo Aitor, que hacen la asistencia a Dani, un rápido piloto de quad y siempre que pueden se acercan para seguir nuestras evoluciones (ayer nos llevaron un plato de arroz con bogavante que te morías de gusto); Alberto, nuestro amigo de Zaragoza que forma parte de nuestra asistencia, se ocupa de toda la logística, de controlar los tiempos, de bajar a Nico de la moto y llevarlo a duchar junto a Elena; Sergio trabaja sobre mi/su moto (la mía no ha llegado a tiempo y él me ha prestado su 350 c.c. para poder asistir a Nico); Mario y Max en la de Nico; Carlo observa mi mano… “debes ir a rayos, está muy hinchada”. “No, temo tener algo serio y que no me dejen salir el domingo, véndame y mañana me pinchas un anestésico antes de salir”.

La noche fue terrible, los dedos anular y corazón querían estallar de presión y tras más de 2 horas acostado sin poder dormir por el dolor, cambiando mi posición en la cama para poder poner el brazo colgando, levantándome 20 veces para buscar riego sanguíneo en la mano, decido quitarme la venda y logro dormir a ratos hasta las 5:30. Por la mañana tiene muy mala pinta mi mano. Está hinchadísima y sólo a Sergio le confieso mis temores…”creo que no voy a poder, pero no puedo arruinarle la carrera a Nicola, estoy “acojonado”. “Julián, si quieres me visto y salgo yo con él”. Sergio tiene un buen ritmo, seguro que es capaz de seguir a Nicola y realizar mi trabajo, pero casi a punto de llorar le digo que no, que es mi trabajo y que con la infiltración del médico creo que podré hacerlo.

Todo el enlace llevo la mano dormida, con dolor. La venda nueva me aprieta, el spray que me da Bruno lo sumo a varios ibuprofenos y a la pomada del médico, además del pinchazo en el “culete” de la anestesia… Por un momento me acuerdo de Calleja en faraones y pienso “a que me da la diarrea”, pero corro mejor suerte y no sucede.

Salimos a la especial y pronto la mano deja de molestar, apenas duele, todo está haciendo su efecto y yo puedo ponerme de pie para rodar. Hay mucho más polvo que ayer y doy más distancia a Nicola, no quiero volver a caer. Los camiones han destrozado los caminos y donde ayer había un poco de polvo, hoy hay 50 ctms. de fesch-fesch. Pero Nico es muy inteligente, corta gas y se sube por la montaña esquivando las aliagas y la mata rasa. Cuando no puede, se sale a los sembrados que, pese a estar muy blandos, supera a golpe de gas sin demasiada dificultad. Le aviso de la llegada de un piloto de moto, lo agradece (él no se puede girar), luego de la de Oscar Romero, el líder del mundial en quad que ayer rompió y hoy salía detrás, nos supera por el sembrado sin molestarle ni viceversa. Rodamos genial, seguros, pero en una curva inevitable, el fesch-fesch traba la marcha de Nico y cae, la moto se para. Lo levanto y llega un hombre con su padre y con su hijo. Les pido que me ayuden a sacarlo de allí hasta un terreno más duro, pues la moto no arranca y debo revisarla. Debe tener un fusible fundido, pero éste se encuentra bajo el asiento y Nicola no puede bajar… empiezo a temblar.

El asiento de la moto tiene detrás una apertura para las antenas que envían la señal al cambio de marchas y, desde allí, logro ver el fusible, pero es casi imposible agarrarlo. Los alicates no tienen sitio para abrirse y los dedos son cortos para alcanzarlo. Al final, con un destornillador metido entre los cables, lo subo lo suficiente para poder abrir la tapa protectora y sacar el fusible, pero está bien… Nico me dice que siempre se funde ese y que ponga uno nuevo, la moto no arranca y me dice que tiene otro tras el faro, lo saco y también está bien, pero lo cambio… El sonido de la inyección nos llega a los oídos y yo me apresuro en sacar mi camelbag de debajo del caballete que había puesto allí para que la moto no se hundiera por el peso. Arranca y le damos las gracias a esa familia que además me reconoció al quitarme el casco diciendo “Tú eres Villarrubia, el que ganó en Zuera” (mi ego sube por las nubes y Nicola alucina de ver que me reconocen, advierto cierta envidia sana en sus ojos)

Un poco más adelante comenzamos a ver un goteo de quads averiados, a Mario Gajón, que estaba 2º y nos anima con fuerza, el del portugués poco más adelante y luego a Alberto Prieto, un valiente guerrero que compite con una sola mano. Ha volcado el quad y Nicola le pregunta si está bien, yo paro para ayudarle y Nico empieza a dar vueltas por el sembrado ya que no puede parar (qué tío, hasta paralítico ayuda… a su manera). Junto a Alberto, ponemos de pie su quad y me insta a continuar tras darme las gracias. Me preocupa que no le arranque pero he visto a un chico acercarse y pienso que él le puede ayudar (en la asistencia informo a su equipo y al de Romero, que también está parado poco más adelante, de la situación para transmitirles tranquilidad)

En la asistencia contamos lo ocurrido y les meto prisa pues sé que no tenemos mucho tiempo y si nos entretenemos, llegaremos fuera de hora. Otra vez en marcha, otro adelantamiento al piloto venezolano. Voy tan cerca de Nicola que casi lo adelantamos cada uno por un lado. Una nube de polvo y una rodera que no veo, mis pies por los aires y el venezolano preguntando si estoy bien, “sí, ha sido por el polvo. Ya, lo vi”. Acelero y le dejo atrás. Nicola saluda a la gente, yo les pito y en los saltos suelto los pies de los estribos, la mano molesta muy poco. Estamos alcanzando a dos quads que ruedan juntos, pero el polvo es mucho y Nico no quiere arriesgar, le adelanto para que vea mi trazada pero se queda atrás. Es mejor no hacerlo, no arriesgar y asegurar la carrera. Pese a ello, por el polvo entramos sin esquivar una zona de fesch-fesch, Nicola cae y pese a que lo levanto, tan sólo logra recorrer unos metros y vuelve a caer. Al fondo hay mucha gente y nos reconocen. Tres coches vienen para ofrecer ayuda, pero el venezolano ya ha llegado y entre él y yo lo sacamos de allí y continúa. La gente brama al reconocerle: “grande Nicola, grande”.

A 100 metros de meta, corta gas y me tiende la mano, quiere que entremos juntos y así lo hacemos, luego, me levanto sobre la moto y me pongo a hacer “el mono”. Hemos terminado la Baja 2012. Un paralítico ha concluido una durísima carrera, un hombre a cumplido un sueño…

Elena llora casi sin consuelo, le abraza, le besa, le toca, le palpa… y luego me abraza a mí tan fuerte que me corta la respiración a la vez que dice “has cumplido tu promesa, me lo has devuelto”… La emoción desborda a todo el mundo: a mis amigos del RACE en el control de llegada, a Rodolfo, el “relaciones con los participantes”, a todas las asistencias y público que allí hay, fotógrafos, cámaras, cuerpos de seguridad… dudo que en ese momento, en todo el mundo, haya tanta emoción junta en tan reducido espacio.

Tras el cava con todo el equipo y amigos, Sergio y yo nos marchamos a Requena, donde después de cenar y bajo la insistencia de todo el que veía mi mano, decido acercarme a urgencias para hacerme unas radiografías… “arrancamiento del maxilunar de la mano derecha”… ¿lo qué? Tengo un hueso roto de la muñeca y un corazón un poco más fuerte, estoy acostumbrado a cumplir mis sueños y esta vez, también lo he conseguido. Pero sobre todo, he ayudado a cumplir el de mi gran amigo Nicola, ejemplo de vitalidad, ejemplo de superación, ejemplo ante cualquier circunstancia de la vida acerca de que el mundo no se acaba pese a ponerse cuesta arriba. Él, ES PILOTO DE MOTOS.

Comentarios

One Response a “JULIÁN VILLARRUBIA en la Baja Aragón , una historia increible : un paralítico ha concluido una durísima carrera”
  1. Rojo says:

    Grande Julián, ayudando a un amigo y contándonoslo en este emocionante relato. Enhorabuena

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